Un paraíso de infinitas lomas desde las que se ve el mar como un deseo inalcanzable, repleto de nuevas experiencias, olores y sabores. Tareas diarias que se remontan a medio siglo atrás en nuestra sociedad.

Lugar, en el que por más que he intentado entender y ser empático me ha sido imposible, ya que tenía billete de vuelta, repleto de gente con inmenso corazón y ganas de saber y compartir.

Mogotes, fruta bomba, tabaco, mamey, tensión antes de la lluvia, Resbaloso, son palabras que habitan ahora en mí.

Esto y mucho más es lo que me donó esta gran familia, a la cuál agradezco el descubrir un lugar al que volver, una familia que echar de menos.

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