Como maestra de Educación Infantil fui a este pequeño poblado con la idea de transmitir a los más peques mis conocimientos e intentar fomentar al máximo el desarrollo de sus capacidades. Cuando llegué el director, Aliou, me organizó en el colegio una clase de niños entre 3 y 5 años, en la cual impartiría clases de Español, abarcando todas las áreas como son el lenguaje, la psicomotricidad, los conceptos matemáticos, etc.

En este poblado los niños normalmente empiezan el cole a partir de los 6 años, lo que en España viene siendo la Educación Primaria. Aliou me comentó que en Ndiawara los padres hace tiempo que pedían una Escuela Infantil para los más pequeños, pero que el presidente de educación de Podor (como sabes Ndiawara pertenece al departamento de Podor) no lo veía muy factible. Aunque escuches escuela como tal, y nada me gustaría a mí más que eso, simplemente bastaría con crear dos aulas más y por supuesto destinar dos docentes.

Empecé con unos 20 niños, estos niños fueron escogidos de la clase de 1º de Primaria. A pesar de no tener los 6 años, estos niños iban a clase con los mayores por ser hijos de maestros o de personas “importantes” del poblado, como el nieto del jefe de la vila, el hijo de Baba el de la boutique, etc. Las clases las impartía de Lunes a Viernes de 8:00 a 13:00. Empezaron aprendiendo hábitos y rutinas, posteriormente introduje los saludos, canciones, algunos conceptos lógico-matemáticos y fomenté el desarrollo de las destrezas psicomotoras tanto finas como gruesas. Los niños cada día estaban más y más ilusionados. Fueron pasando los días y cada vez eran más los padres que se acercaban a hablar con el director del colegio o directamente conmigo para que sus hijos pudieran asistir a mi clase. Así fuimos aumentando hasta llegar casi a los 70. Si, si lo he escrito bien 70. En cuanto vi que el número de niños era desbordante, pensé: ¿Qué es lo más importante? ¿Es más importante que seleccione solo 25 y durante 2 meses les enseñe todo lo que pueda? 0 por el contrario, ¿dejar que todos los niños vengan, se diviertan, aprendan rutinas, valores y otra forma de educar?. Mi respuesta fue clara. Aliou me dijo tan solo tienes que decir “para” y les diré a los padres que no podemos añadir a ningún niño más. Pero esa palabra nunca salió de mi boca. Los niños venían, hacían sus filas, se sentaban en círculo, cantaban canciones en español, coloreaban, jugaban y aprendían más de lo que ellos se pensaban. Aprendían que para mí, al igual que para la mayoría de maestros españoles, la educación y la clase no se rige por tener un palo en la mano y azotarlos; aprendían que el maestro no es un juez ni un jefe, que es simplemente un hilo conductor de su aprendizaje, un compañero, un amigo, un serpa; aprendían que se puede aprender divirtiéndose; experimentaban lo que era poder coger cuentos en las manos, peluches, muñecas, colores, etc. Materiales que pude utilizar por las donaciones, ya que allí solo disponíamos de un aula, con una pizarra, tizas, una esponja, un cubo con agua para limpiar la pizarra y alfombra para el suelo que día a día pedíamos a los vecinos, en las cuales a modo de asamblea los sentaba en forma de círculo para poder impartir las clases.

Un día nos invitaron a la radio con algunos compañeros del colegio. Cuando fuimos Aliou nos comentó que María (mi compañera de voluntariado) podría hablar, ya que se maneja muy bien con el francés. María habló sobre nuestra labor en Ndiawara y sobre la ONG. Yo también solté algunas palabras, aunque te reconozco que fue una encerrona (mi nivel de francés era nulo, aunque al final cogí un poco de soltura). 2 días después, Aliou me comentó que había habido bastante revuelo en los poblados cercanos por nuestra incorporación en la escuela y nuestra buena integración tanto en el Ndiawara como en Podor; y que todo ello había causado que el finalmente recibiera la llamada que tanto esperábamos, una llamada en la cual el Presidente de Educación de Podor le comunicaba que ayudaría a nuestro poblado para poder ofertar el próximo curso el área de Educación Infantil.

Sinceramente sabes cómo van las cosas allí, así que de lo que se diga a lo que se haga… Pero yo espero y confío en que así se hará y si no, ya me encargaré de volver para recordarlo jeje.

Debo reconocer que nada de esto hubiera sido posible sin vosotros y sin mi compañera María. María venía a ayudarme a partir de las 10:30 /11:00, ya que con tantos niños era muy difícil, sobre todo con el calor abrasador que hacía y las condiciones del aula. A cambio por las tardes, yo la ayudaba a ella en sus clases de español e inglés con los más mayores del cole. También tuvimos la oportunidad de organizar un taller de reciclaje, en el cual decoramos las botellas de agua y dimos una pequeña “charla” sobre la importancia del reciclaje y el sistema de reciclaje que tenemos en España.

Esa ha sido mi pequeña labor, me hubiera gustado hacer más mucho más, pero el tiempo pasa volando y como sabes, las condiciones y los materiales de los cuales disponemos tampoco ayudan.

Te confieso que a día de hoy la labor que ellos han hecho conmigo ha sido muchísimo más grande que lo poquito que yo haya podido hacer por ellos. Llenaron mis días de alegría sin apenas nada, sus sonrisas bastaban para fortalecerte los días más calurosos, sus abrazos te reconfortaban y te hacían sentir en casa. No tienen casi nada, pero a la vez lo tienen todo. Tienen unas sonrisas eternas, un concepto de familia único, una confianza extraordinaria, una humildad increíble y un corazón que no les cabe en el pecho.

 

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