He estado 21 días en Dharna…, colaborando con los bebés y… ¡me han pasado volando! Ha sido una experiencia maravillosa. En ningún momento me sentí triste al irme pues sentí que los niños están bien atendidos allí; así que me fui con el corazón tranquillo.

Viví la experiencia como un regalo maravilloso de la vida: mejor compartir con ellos 21 días que ninguno, y así, esa era mi filosofía al ir allí y la mantuve cuando me fui. Aunque cuando me despedía de ellos se me escaparon unas lágrimas pero fueron de alegría, de las buenas.

Durante 21 días simplemente compartimos risas, amor y juegos. Compartimos el instante, el día a día y creo que esa es la magia de la vida.

Conocí a un chico en Essouira que me dijo que estos niños son especiales, que están allí porque tienen una gran misión en el mundo. Tal vez sea así. Los veía allí tan vivos, tan grandes y con tantas cosas buenas y diferentes cada uno de ellos que me daba la impresión que si tienen la oportunidad, van a aprovechar mucho la vida.

Me siento afortunada por haber tenido el privilegio de vivir esta experiencia, de ver la realidad de un orfanato en Marruecos, de ver como es el día a día de una institución así y como se gestionan las necesidades de tantos niños.

Los niños son maravillosos, están completamente abiertos a las personas ya que están en contacto con muchísima gente y desde su más tierna infancia se tienen que espabilar. Tal vez esa fue la gran lección que me llevé. Un reflejo de la vida misma dentro del orfanato, en la vida hay que espabilarse, compartir, vivir y ser feliz. ¡No hay más!

Me encantaría repetir, y volver a ver a todas esas personas en algún otro momento. Aunque sin duda doy gracias por esta ocasión, por esta experiencia y por estos momentos.

Gracias Dharna, gracias Viento Norte Sur.

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