Cosas que me traje de  Merzouga:

Eso de reservar  a última hora y embarcar desde Melilla rumbo a  un sitio que yo llamaba “merzunga”   junto a no tener muy claro que iba buscando acabó siendo un viaje hacia una nueva forma de enfocar la vida.

Es curioso pero no he traído apenas fotos, y eso que yo en los viajes soy un cansino de la cámara, pero desde el principio entendí que este viaje para mí se  debía  contar como los viajes del amigo ciclista que dormía en el albergue y su casa-bici (que consumía un bote de mermelada cada 110 km, cuesta arriba!) , con una sola  foto por trayecto,…  o mejor , con un dibujo a mano de alguien con talento.

Supongo que todos traemos nuestros aprendizajes, el mío es que hay un tipo de  gente con la que el cambio sí se puede.

Aprendí que se puede partir uno el pecho contando chistes a “trallón” y   que mola descargar un autobús lleno de bultos en  cero-coma minutos  mientras  gritas sonidos  bereber de descarga (que ya no recuerdo), que se puede bailar el quebrantahuesos a lo Moha y entrar en vivencia haciendo palmas raras,  se puede conectar y compartir fácilmente con el prójimo, solo es dejarse fluir  y mirar a los ojos, los bereber saben cómo hacerlo.

He aprendido que hay cosas que ayudan mucho, como las personas que ponen su talento a disposición de los demás, ¡que cada vez son más!;  y también hay cosas ayudan menos, como mandar antidepresivos a Merzoua, ¿? ¡Que no hacen falta! , ni tampoco coches teledirigidos  que no funcionan, ¡que no hacen falta!,… el año que viene se van a poner de moda las peonzas, los diábolos y tb las cometas  por esa zona… ( Que hay que inventar el kite desert en la arena, ya!).

No se me olvida tampoco el sentirme libre jugando a enigmas, cantando y bailando, una bajadita de snow en el desierto, un revolcón en 4×4 y risitas posteriores, el olor del té por la mañana, un baño improvisado en Melilla,  el frescor de la arena del desierto por la noche y la magia de las estrellas,  el fuego y las dunas (que ponen las miradas muy muy intensas).

Me llevo que regatear es un coñazo, que hace falta mucho más hammam en la vida,  que hay mucho buen rollito por ahí suelto, que por poco que tengas siempre se puede compartir algo, y que hay mejor karma con la mano abierta que con la mano apretada.

Las risas de todos y vuestra energía,  me las traje también en la mochila.

Ojalá esta energía no se pare, ojalá no se nos olvide todo lo que aprendimos.

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