Todo el mundo pregunta a la vuelta: ¿Has estado en Marruecos? ¿En serio? ¿Y qué  tal? ¿Y qué has hecho? Se necesitarían horas para contar todas y cada una de las historias y anécdotas que allí nos sucedieron. Sencillamente se vuelve con una gran sonrisa en la cara, que refleja lo vivido en aquel lugar. Todo comienza unos días antes, preparando mochilas, mirando el tiempo, mucho frío, mucho calor, muchas cosas y poco espacio, pesando equipaje, envasando al vacío. De alguna forma ya habíamos empezado el trekking solidario.

Finalmente llega el día, madrugar, viaje hasta Almería, hacer horas, y encuentro en el puerto con la gente para embarcar… comienza la “cohesión”. Bonito viaje en barco, jamás diría que disfrutaría durmiendo en el suelo, en el que si miraba a un lado tenía la cabeza de una compañera de la que todavía no sabía ni el nombre y hacia el otro los pies de un marroquí. ¿Gracioso? Yo diría emocionante.

Llegada a Almería, rápido paseo y a montarnos en el bus con el famoso y querido Juan sin r.. (jajaja). Largo viaje, tiempo para presentarnos, conocernos, dormir, ver películas, contar chistes, acertijos, paradas para jugar al fútbol, montar en bici y por supuesto reír. La “cohesión” sigue su curso. Por fin llegamos, a aquel fantástico albergue en mitad de las gargantas. Dormir, calentar las piernas entre gargantas y vuelta al bus.

Llegamos a nuestro inicio de ruta, y como si nos lo hubiéramos estudiado y practicado mil y una veces montamos una cadena, descargamos y organizamos donaciones con eficiencia al más puro estilo alemán, pero no, somos de Viento Norte Sur. Aquella noche aprendimos esa canción, que seguro que más de una vez nos ha vuelto a la cabeza y sin querer hemos empezado a tararear.

Desde tierras de Gladiator, foto de cortesía, mochila a la espalda y echamos a andar, comienza nuestro trekking. Tres días en los que pasamos pueblos, saltamos acequias, cruzamos ríos, subimos montañas, sentimos el calor, sufrimos la lluvia y la nieve, hicimos fotos, aprendimos canciones, conocimos gente, adoptamos mascota, comimos kefta, volvimos a comer kefta, disfrutamos, y sin darnos cuenta, sí, ya estábamos “cohesionados”.

Tuvimos un día más, en el albergue de los dinosaurios, fuimos en busca de un palmeral inexistente, visita rápida a la ciudad a la que cada uno llegamos a nuestra manera y vuelta para por desgracia poner rumbo de vuelta.

Barco de vuelta, en el que entre canto y baile poco a poco ya nos vamos despidiendo. Cada uno nos llevamos un recuerdo que difícilmente olvidaremos: amigos de verdad, experiencias inolvidables y unas ganas increíbles por volver a juntaros.

Marruecos, más que un lugar, más que un viaje, más que un voluntariado, más que una experiencia… simplemente diferente.

Por cierto, definición de “cohesión”: proceso dinámico reflejado en la tendencia de un grupo a no separarse y permanecer unido en la búsqueda de sus metas y objetivos.

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